domingo, 22 de diciembre de 2013

ETIQUETAS

Tímido, perezoso, divertido, gordo, canijo, antipático, miedoso, arisco, torpe, descuidado, desordenado, un manojo nervios, celoso, solitario, malo para las matemáticas, un desastre, se me da fatal el deporte, la cocina, el bricolaje, el amor...

Estas pueden ser algunas de las etiquetas “autodestructivas” que llevamos colgadas desde hace años y que además nos sirven para excusarnos para no hacer tal o cual cosa que nos desagrada.

¿Quién no ha dicho alguna vez una de estas frases?
“Yo soy así”
“Siempre he sido así”
“Es mi carácter”
“No puedo evitarlo”

Muchas de esas etiquetas vienen con nosotros desde niños y las llevamos desde entonces. Unas las elegimos nosotros en su momento para evitar situaciones incómodas en el pasado y otras nos las colocaron en su momento otras personas para definirnos. Y años después seguimos arrastrando con ellas.
¿Acaso tú no eras el tímido y responsable de la familia, y tu hermano el divertido y loco? ¿Verdad que sigue siendo así por los siglos de los siglos amén?

BUENAS NOTICIAS… ESTO PUEDE CAMBIAR SI TE LO PROPONES



Deja atrás el pasado que te molesta y elimina tus autodefiniciones destructivas. En vez de decir “Yo soy así”, empieza a usar el “Yo era así antes”; en vez del “no puedo evitarlo” cambia a “puedo cambiar si lo intento seriamente”. Si siempre has sido así, puedes pensar en ser diferente.
Son etiquetas que nos impiden CRECER  y DESARROLLARNOS, y ya va siendo hora de desprendernos de ellas.
Elige unas etiquetas nuevas que te ilusionen y te motiven, que siempre quisiste para ti y que los demás repartieron para otros. CREE EN TI. Con voluntad, todo es posible.

Empieza un año. Vida nueva. Se aproxima un cambio en ti. Nos vemos en las nubes.



“… Lo mejor para la tristeza -contestó Merlín- es aprender algo nuevo. Es lo único que no falla”.

 Terence White. “The once and the future King”.

domingo, 15 de diciembre de 2013

YO DE MAYOR QUIERO SER FOTÓGRAFO

Cuando éramos pequeños, los adultos nos preguntaban qué queríamos ser de mayores. Astronautas, bomberos, peluqueros, médicos, abogados, maestros. Algunos lo consiguieron, otros no. Si alguien me hubiese dicho con ocho años que yo iba a ser boticario, no le habría creído. Los recuerdos de la farmacia Don Casto, con su intenso olor a inyectables y a desinfectantes, no eran precisamente buenos.



Lo tenía claro. Yo de mayor quería ser fotógrafo de viajes, de esos de National Geographic que iban enseñando el mundo a través de sus ojos. Me atraía la idea de conocer muchos países y poder dar mi visión de ellos a los demás. Capturar la luz y con ella pintar el universo. Recuerdo con ilusión la hora de llevar a revelar mi carrete de las vacaciones de verano a la tienda de fotos, y la duda existencial de cuántas buenas saldrían de uno de veinticuatro. Si se salvaban una o dos, muchas eran. Ahí desistí de ser un profesional de la cámara. Mucho más tarde leí de la dificultad de publicar una sola fotografía en la revista. Para un reportaje de cuatro páginas con seis buenas fotos, un profesional necesita alrededor de 30000 disparos. Ensayo y error. Ensayo y error. Me acerco, encuadro y disparo. Cambio de perspectiva, me alejo, "reencuadro" y vuelvo a disparar. Y así la foto perfecta, tras miles de intentos.


En la vida ocurre algo parecido. Para obtener la foto perfecta de ella, necesitamos equivocarnos, aprender de los errores, "reencuadrar", cambiar de perspectiva, tomar distancia y volver a intentarlo. Al igual que un gran fotógrafo, no consigues forjar tu estilo y tu personalidad en dos disparos, necesitas probar en cuál de ellos te encuentras más cómodo; y eso solo se consigue sin miedo a equivocarse. Con la cámara en la mano, siempre es más cómodo disparar cogida horizontalmente, de pie y a la misma altura. Es lo que llamamos "zona de confort". Así todas tus fotos te saldrán siempre iguales. ¿Nunca te has preguntado por qué llaman la atención las fotos hechas por niños pequeños? Porque ellos disparan desde una perspectiva distinta a la tuya. Prueba a agacharte, prueba a poner la cámara en vertical u oblicua. Prueba a subirte a una silla o a usar un trípode. Cambia algo si la foto de tu vida te parece aburrida. O si te encuentras con un problema que aparentemente no tiene solución. Sal de tu "zona de confort" y "reencuadra". Busca otro enfoque, otra perspectiva. El "reencuadre" consiste en ser capaces de percibir cualquier situación o experiencia desde diferentes perspectivas, centrarnos en aquellas que nos resultan más útiles. Así, conseguimos que una situación aparente y habitualmente adversa pueda convertirse en algo positivo.

Ya sabes, coge tu cámara y enfoca. Cambia de ángulo y de perspectiva, y destaca aquello que más te interese. La vida está llena de grandes fotos. Dispara, equivócate mil veces. Vive.

Te espero aquí, en la nubes.



domingo, 17 de noviembre de 2013

ENTREVISTA CON EL VAMPIRO



Estimados oyentes, hoy nos visita en “Una botica en las nubes”, un ser extremadamente peligroso y nocivo. Prestad bastante atención y estad alerta a todo lo que dice, porque un día de estos podéis encontrarlo en vuestro trabajo, en la tienda, o lo que es peor, acorralándoos en el ascensor. Él o cualquiera de su especie. No los vemos, pero están por todos lados. Inundan nuestros pueblos y nuestras ciudades. Podemos sentirlos. Son personas de carne y hueso, como tú o como yo; visten y hablan  como cualquiera de nosotros, pero se alimentan de nuestra sangre, de nuestra energía. Demos la bienvenida al programa de hoy al Vampiro Paco Contar.

Buenas noches, Paco. ¿Qué tal va todo?

Buenas noches serán para ti, Gustavo, porque para mí no lo son tanto.

Vaya, hombre. ¿Qué te pasó?

Vengo del médico. Tú sabes. Las migrañas de siempre. Y me dice el tío que me tome un paracetamol y punto. Que con eso se me quita. Ni me manda al especialista ni nada. Si es que la Seguridad Social ya no está como antes. Claro que con este Gobierno de mierda que tenemos, no me extraña. Ahora además recorta también en Educación. Serán hijos de puta. Y ahora, ¿qué van a hacer mis chiquillos?

Bueno, Paco. ¿Tus hijos no estaban en un colegio de pago? Allí se notan menos los recortes.

Sí bueno, pero es que el trabajo… No sé hasta cuándo podrán estar allí.  Tú sabes, la crisis otra vez. Las facturas hay que pagarlas, y cada vez es más caro. Yo no sé estas monjas, todo el día sacándote el dinero.

Pero no me digas que te echaron del trabajo, Paco.

No, pero estamos todos asustados. Ya sé que el negocio de mi jefe va bien, pero ¿y si de repente se lo piensa y hace un ERE de esos famosos? ¿Qué voy a hacer?

Tranquilo, seguro que eso no va a ocurrir. No seas pesimista.

No soy pesimista. Soy realista. De todas formas a lo mejor me voy yo. Porque para aguantar a los vagos de mis compañeros... Si no es por mí, la empresa no va para delante. Ya no puedo más. Uno que si me viene con sus historias de fin de semana, la otra todo el día hablando por teléfono, el otro el pelota del jefe. Y de ese, por cierto, mejor no hablar.

Nos conocemos desde hace mucho, Paco,  y siempre hablas de lo mismo. Y tú, ¿has hecho algo por mejorarlo, has hecho algo por cambiar tu situación?

Claro, para ti es muy fácil. Has tenido mucha suerte en la vida. No como yo, que no me sale una a derechas…

Bueno, Paco, podríamos estar aquí hasta mañana por la noche y seguiríamos hablando de lo mismo, pero desgraciadamente no tenemos más tiempo en el programa. Muchas gracias por todo.

Ya lo han oído, así es Paco. Un vampiro emocional. Descarga en ti toda su negatividad, todos sus problemas. Te absorbe, te manipula y se desahoga “chupándote” toda tu energía. Te deja sin fuerzas. Como él hay muchos, aunque tengan cuidado; no los confundan con aquellos que se quejan pero intentan realmente cambiar su situación. A estos sí hay que ayudarlos. A los verdaderos “chupasangres”, escúchenlos dos o tres veces como mucho; a la cuarta, si los ven venir, cámbiense de acera o saquen del bolso el ajo y las estacas, porque irá por ustedes. Están avisados. Desde las nubes, se despide Gustavo, el reportero más dicharachero del mundo entero. Buenas noches.

viernes, 1 de noviembre de 2013

¿CRISIS DE LOS CUARENTA?


Ese día te levantaste con resaca. Los gin-tonics de la noche anterior eran de garrafón, seguro. Te habías propuesto llegar temprano, pero fuiste incapaz de decirles que no a los inconscientes de tus amigos y apareciste por casa cerca de las cinco de la mañana. Un jueves. A las siete tenías al perro encima, el despertador sonando, los niños sin querer levantarse, una reunión importante en ese trabajo que odias, con esos compañeros que no soportas. Tu mujer hacía semanas que no te hablaba y ahora lo hace para decirte que tenéis que hablar, que no podéis seguir así. Y al día siguiente es tu cumpleaños. Ya tienes los treinta y todos, así que serán cuarenta los que hagas. Ahora lo entiendes todo. Te miras al espejo al afeitarte y descubres tus ojeras, tus arrugas y tus canas.  ¡Uf, la famosa crisis de los cuarenta! Y decides que tienes que cambiar algo o todo en tu vida.



¿Os suena? Puede ser la crisis de los cuarenta, o la de los treinta, o dudas sobre el trabajo, o sobre las relaciones sentimentales, sobre la vida que llevas en general. Y entonces te planteas un cambio. Lo puedes hacer sosegadamente, con tranquilidad; o hacer un cambio brusco y mandarlo todo a paseo.

Lo que tienes que tener claro es qué quieres cambiar, analizar los pros y los contras, y ver hacia dónde quieres dirigir tu rumbo. Pero lo importante es no tardar años en hacerlo. Actúa. Da el primer paso, sube el primer escalón y sal de tu zona de confort. Si siempre haces lo mismo, estarás anclado en un bucle constante. Si te gusta ese circulo, bien. Pero, si ya estás cansado, por qué no cambiar. Haz un repaso a tus valores. Siéntate cómodamente y escribe cómo te sientes habitualmente. Si te aburres, si estás contento con tu trabajo, con tu vida sentimental, si te levantas cansado o pletórico, si tienes aficiones que te llenan y si, en general, estás contento con tu vida. ¿Qué se esconde tras ese deseo de cambio? Averigua de dónde partes y lánzate adonde quieras llegar. Comprueba cuáles son tus estados iniciales en el trabajo, en el amor, en tus relaciones personales, en tu vida personal en general. Haz balance de tu trayectoria vital, y márcate un plan de acción para llegar adonde quieras en cada parcela de la vida.

Ahora averigua cuáles son tus recursos, esos valores que tienes. Parte de tus cualidades, de tus éxitos pasados, de tu experiencia. Ellos te suministrarán el primer peldaño de la escalera del crecimiento. La escalera hacia tus sueños. Apóyate en ellos. No dejes que nadie te diga que no tienes cualidades para tal o cual cosa. Huye de las relaciones tóxicas, de los vampiros energéticos. Escapa de tu propio miedo. A veces nuestra percepción de nosotros mismos no se corresponde con la realidad. Aumenta tu autoestima.

Visualiza tu futuro. ¿Qué quieres contarles a tus nietos de tu vida? Conviértete en un soñador. Sueña a lo grande, por qué no. Soñar es gratis. Escríbelo y ve a por ello. Ponlo cerquita todos los días, en un post-it en la nevera o en una alarma en el móvil. Algo que siempre te recuerde dónde quieres llegar y cuál es tu destino. Ya estás preparado para cambiar tu vida. Enhorabuena.

Te espero en las nubes.



domingo, 6 de octubre de 2013

JAZZTHERAPHY 2: EL ENFADO

Imaginaos un atasco en plena hora punta en el centro de una gran ciudad. Largas colas, hora de comer, mucha hambre y el estrés de un mal día de trabajo. El semáforo del cruce está en rojo y cambia a verde. Cuando intentamos salir, desde la calle perpendicular se abalanza un coche saltándose su señal. Está a punto de chocar contra nosotros si no llegamos a pisar firmemente el freno. El primer pensamiento reflejo es llamar de todo a su conductor, aunque lo preocupante viene con los siguientes: la sed de venganza y la irritación hacen que nuestro organismo se prepare para la lucha. Nuestras manos aprietan fuertemente el volante, comenzamos a temblar, las gotas de sudor resbalan por nuestra frente, el corazón late con fuerza y tensamos todos los músculos del cuerpo. Si nos concedieran en esos momentos la oportunidad de tener al otro conductor al lado, nuestro cerebro más primitivo nos mandaría estrangularlo. Afortunadamente, el sonido del claxon del coche que nos sigue nos despierta de este estado de rabia. Solo con cierta apertura mental podríamos parar esa escalada de ira. Pensar que iba despistado o que posiblemente fuese una urgencia médica nos ayudaría a aplacar el sentimiento.


El enfado es la más seductora de las emociones negativas, ya que nuestra retro-alimentación negativa nos proporciona argumentos suficientes y convincentes para seguir con él. Además, el enfado resulta energizante y euforizante. Cuantas más vueltas demos a los motivos que nos llevan al enojo, mejores y más justificadas razones encontraremos para seguir enfadados. Los pensamientos obsesivos alimentan nuestra ira. Fisiológicamente, está demostrado que un enfado sobre otro enfado hace que el segundo, aunque esté provocado por una razón casi inexistente, sea de una intensidad mucho mayor que el primero. Y así, cualquier pensamiento que tenga lugar sobre esta escalada de ira  provocará una irritación más intensa que la del principio de la secuencia. En ocasiones, este incremento de rabia podría acaba en un estallido de violencia.

¿Qué podemos hacer ante esta situación?

Primeramente ser conscientes y prestar atención al primer pensamiento que inicia el enfado. Cuanto antes lo hagamos, antes lo cortocircuitaremos. Hay que reencuadrarlo de manera positiva y no darle más importancia de la que tiene. Cuando esto no es posible porque la irritación ya es demasiado intensa, la única opción que nos queda es el enfriamiento. Supone el alejamiento de la causa del enfado, el freno a la escalada de pensamientos hostiles y el intento por distraerse. Las distracciones son un recurso sumamente eficaz para modificar nuestro estado de ánimo y el ejercicio activo, sobre todo, contribuye a dominar el enfado. Otro método puede ser tomar conciencia de los pensamientos irritantes y escribirlos en papel.

Ya sabes, el día que te enfades, acuérdate de esta entrada. Siempre se ha dicho que la música amansa las fieras.



Charles Mingus fue uno de los mayores contrabajistas y pianistas de jazz del siglo XX. Su enrevesado árbol genealógico (sueco y afroamericano por parte de sus abuelos paternos; y chino y británico por parte de los maternos) hicieron de él un empedernido activista contra el racismo. Su primer contacto con la música fue a través de la música de la Iglesia que su madrastra amerindia le hacía oír, pero poco a poco fue descubriendo el jazz de Duke Ellington. Cambió el chelo por el contrabajo cuando un amigo le dijo que el primero era un instrumento de blancos, y fue a partir de entonces cuando empezó a destacar, llegando a trabajar con Charlie Parker y Louis Armstrong, entre otros.

Pero lo que trae a Mingus a esta sección es su carácter. Impulsivo, temperamental y temible; había veces que sus conciertos acababan en discusiones y peleas. Esta energía desbocada le valió el apodo de "The Angry Man of the Jazz". El hombre enfadado. Otro gallo le habría cantado si hubiera sabido algo de inteligencia emocional.

LA OVEJA EQUILIBRISTA



SUÉÑALO, PIÉNSALO, HAZLO